La zafra pesquera dejó resultados opuestos para las flotas costera y de altura en Uruguay. Mientras los barcos costeros registraron capturas superiores al promedio de los últimos diez años, la pesca de altura experimentó una fuerte caída en los volúmenes de calamar y merluza. Así lo señaló, en diálogo con Altamar News, el presidente de la Cámara de Industrias Pesqueros del Uruguay (CIPU), Juan Riva-Zucchelli, quien destacó que la actividad pudo desarrollarse durante toda la temporada, comprendida entre abril y octubre, sin conflictos de relevancia.
“Trabajamos toda la zafra, eso es un dato positivo”, resumió el titular de la gremial, en alusión a los conflictos sindicales que distorsionaron la actividad en los años 2024 y 2025. Sostuvo que la experiencia demuestra que, cuando están dadas las condiciones para trabajar, el resultado beneficia a toda la cadena pesquera, que encuentra en estos meses una oportunidad para incrementar sus niveles de actividad e ingresos.
En la pesca costera, la temporada fue buena y la corvina volvió a ocupar un lugar predominante, con más del 70% de las capturas. Para evaluar el resultado, la CIPU tomó como referencia el promedio de los últimos diez años, en lugar de comparar con las dos temporadas anteriores, afectadas por conflictos que interfirieron en los registros. De acuerdo con Riva-Zucchelli, los volúmenes de este año superaron esa media histórica, lo que representó una señal favorable para el sector. “Eso demuestra que el recurso está y que, si trabajamos y no tenemos conflictos, la actividad está bien”, afirmó.
Recursos pesqueros pudieron desplazarse por prospecciones sísmicas
El panorama fue diferente para los barcos de altura, cuya actividad se concentra principalmente en la captura de calamar y merluza. Según los datos manejados por la cámara, la pesca de calamar registró una caída muy pronunciada respecto al año pasado, mientras que las capturas de merluza aumentaron alrededor de un 25%. Sin embargo, la mejora de esta última especie no alcanzó para compensar la caída del calamar: en conjunto, las capturas de ambas especies disminuyeron más de un 40%. La CIPU atribuye parte de este comportamiento a una posible modificación en la distribución del recurso, aunque reconoce que no dispone de elementos concluyentes para establecer una relación directa.
Riva-Zucchelli explicó que una de las hipótesis del sector apunta a las prospecciones sísmicas realizadas durante marzo y abril en zonas donde operan habitualmente los barcos de altura. La gremial considera que esas actividades pudieron haber influido en la disponibilidad de los recursos para la flota uruguaya. Como elemento adicional, el presidente de la CIPU indicó que la temporada de calamar en aguas argentinas fue muy buena, lo que contrasta con los resultados obtenidos en Uruguay y refuerza la posibilidad de un desplazamiento del recurso. No obstante, aclaró que se trata de una estimación y que no es posible confirmar esa explicación con certeza.
Las diferencias entre ambas modalidades también se reflejan en las zonas de operación y en la forma de trabajar. Los barcos industriales costeros faenan, por lo general, entre las cinco o siete millas de la costa, según el área, un máximo aproximado de 100 millas. El entrevistado aclaró que no deben confundirse con la pesca artesanal, que opera dentro de las diez millas. La flota costera trabaja principalmente en áreas próximas a Montevideo y Punta del Este y, según la época del año, también puede operar en la bahía de Samborombón, en aguas compartidas con Argentina para la actividad pesquera.
Informó que la temporada costera, se inicia en marzo, comienza a afirmarse en abril y mayo, alcanza su mayor intensidad entre junio y agosto y se reduce en septiembre hasta prácticamente finalizar en octubre. Durante los mejores meses, un barco puede completar su carga en tres o cuatro días. Fuera de zafra, en cambio, puede necesitar los siete u ocho días de autonomía para llenar sus bodegas y, en ocasiones, regresar con media carga. “En esos meses las empresas pierden dinero y los trabajadores ganan menos también”, apuntó.
Riva-Zucchelli agregó que es necesario mantener la actividad durante todo el año y que ello responde a la dinámica de la cadena productiva. A diferencia de los barcos de altura, que en su mayoría procesan, congelan y empacan el pescado a bordo, la flota costera desembarca producto fresco destinado a las plantas de procesamiento en tierra. Por eso, aunque los volúmenes disminuyan una vez terminada la zafra, la pesca debe continuar para abastecer a la industria.

