Teresa Sastre y Mónica Fossati en "Hidrovía 360" | Foto: Samira Manion
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La expansión de la hidrovía Paraguay-Paraná y de las grandes obras logísticas asociadas al sistema no puede evaluarse únicamente desde la eficiencia del transporte, la infraestructura o la competitividad. Para la titular de la Dirección Nacional de Aguas (Dinagua), Teresa Sastre, estos megaproyectos también deben analizarse por sus efectos ambientales y sociales y por la manera en que se insertan en las comunidades ribereñas. Dragados, rectificaciones de curvas, ampliaciones portuarias y obras de protección de márgenes pueden modificar la profundidad de los cauces, los procesos de erosión y sedimentación, el régimen hídrico y la relación entre los ríos y los humedales.

La presentación de Sastre abrió el panel «El futuro de la hidrovía», que representó el bloque de cierre de “Hidrovía 360”, el evento organizado por Wista Uruguay y Altamar News en Colonia del Sacramento.

Sastre advirtió que esos cambios pueden trasladarse rápidamente al ecosistema y, finalmente, a las personas. La resuspensión de sedimentos (proceso físico por el cual los sedimentos que ya se habían depositado en el fondo de un cuerpo de agua vuelven a levantarse y se mezclan con la columna de agua), incrementa la turbidez, reduce la penetración de la luz y puede afectar la fotosíntesis y la disponibilidad de alimento para los peces.

 A esto se suman los riesgos asociados al destino del material dragado, especialmente cuando existen sedimentos con contaminantes acumulados, así como los efectos sobre humedales, peces migratorios y zonas de desove. También mencionó riesgos propios de la operación, como derrames de hidrocarburos, especies invasoras transportadas por agua de lastre, ruido y una mayor presión sobre las costas.

Sostuvo que el impacto no termina en el ambiente. Las comunidades ribereñas pueden ver afectadas sus zonas tradicionales de pesca, su seguridad alimentaria y conocimientos transmitidos durante generaciones. Por eso consideró fundamental que exista participación y acceso a información comprensible. Desde su experiencia en Dinagua, señaló que los Consejos Regionales y las Comisiones de Cuenca muestran que es posible incorporar a usuarios del agua, organizaciones sociales y Estado en los procesos de gestión. La falta de información articulada entre países, en cambio, puede generar tensiones que podrían evitarse con mayor anticipación.

Teresa Sastre en «Hidrovía 360» | Foto: Samira Manion

Como camino hacia una gestión sostenible, la funcionaria planteó cuatro prioridades: realizar una evaluación ambiental estratégica que considere a la hidrovía como un sistema integral y no como una suma de proyectos nacionales; fortalecer el monitoreo hidrosedimentológico; garantizar una participación efectiva de las comunidades; y mejorar la coordinación entre los cinco países. En particular, propuso fortalecer la Comisión Intergubernamental de la Hidrovía con participación técnica uruguaya, entendiendo que lo que ocurre aguas arriba puede terminar teniendo consecuencias aguas abajo, incluso para Uruguay.

Investigación: insumo para la gestión y la navegación

En tanto, la directora del Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental de la Facultad de Ingeniería (Udelar), Mónica Fossati, puso el foco en otro componente de esa mirada integral: la capacidad de la academia para aportar conocimiento y herramientas a los desafíos de la hidrovía.

Explicó que el instituto trabaja integrando recursos hídricos, mecánica de fluidos e ingeniería ambiental, evitando abordar estos problemas de manera exclusivamente sectorial. Esa perspectiva se complementa con la formación de profesionales en ingeniería civil, transporte, ingeniería naval e ingeniería ambiental, entre otras áreas.

Mónica Fossati en «Hidrovía 360» | Foto: Samira Manion

Fossati destacó que la investigación se apoya en laboratorios, mediciones de campo, modelos numéricos y desarrollos analíticos para transformar problemas complejos en respuestas concretas. Entre los trabajos vinculados con la hidrovía mencionó estudios sobre sedimentos cohesivos en el Río de la Plata y la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, además de investigaciones sobre aterramientos realizadas junto con instituciones de Argentina. Según explicó, conocer cómo se comportan los sedimentos en los ambientes locales es clave para poder gestionarlos adecuadamente.

Uno de los ejemplos más concretos es el desarrollo de un sistema de pronóstico del nivel del mar destinado a apoyar la navegación en el canal Martín García y el puerto de Nueva Palmira. El proyecto combina información disponible de organismos como la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP), la Administración Nacional de Puertos (ANP) y Dinagua con modelos numéricos para generar pronósticos a tres días y mejorar progresivamente sus resultados. Fossati remarcó que se trata de herramientas que necesitan seguir perfeccionándose, pero que muestran cómo la investigación puede convertirse en un insumo directo para la gestión y la navegación.

La investigadora también reclamó una mayor articulación entre la academia, los organismos públicos y el sector privado. Para el Imfia, dijo, el desafío consiste en identificar problemas concretos de la hidrovía y trabajar sobre ellos con quienes utilizan y necesitan ese conocimiento. Esa interacción permite orientar mejor la investigación, los ensayos de laboratorio, la formación profesional y hasta la elaboración de normas y estándares. Sostuvo que la Udelar debe trabajar con los problemas reales del país para que ese conocimiento vuelva luego a la sociedad a través de la formación y de soluciones aplicables.

Un caso presentado por Sastre resume esa conexión entre infraestructura, ambiente, sociedad y ciencia. Ante una preocupación de pescadores artesanales por la mortandad de peces asociada a trabajos de dragado en las proximidades del puerto de Montevideo, investigadores del Imfia, junto con el Ministerio de Ambiente, diseñaron un monitoreo de la pluma generada por la draga.

El estudio permitió comprobar la existencia de una zona afectada y adoptar medidas de mitigación. Para Sastre, la experiencia demuestra que atender demandas sociales genuinas mediante investigación no necesariamente vuelve inviables los proyectos de infraestructura; por el contrario, puede contribuir a hacerlos viables de una manera más responsable.