El consultor internacional Ricardo Sánchez llamó a cambiar la mirada sobre los grandes corredores de transporte de América del Sur y avanzar hacia una concepción más amplia, en la que la infraestructura logística se convierta en un verdadero motor de desarrollo económico, productivo y social. Durante su presentación en Uruguay Logistics Forum 2026, en Montevideo, destacó el potencial de la confluencia entre el Corredor de Capricornio y la hidrovía Paraguay-Paraná como una oportunidad para generar nuevas actividades, inversiones y empleo en regiones que históricamente han permanecido relegadas.
Sánchez sostuvo que ya no alcanza con pensar en carreteras, puertos o vías navegables como infraestructuras destinadas exclusivamente al movimiento de mercaderías. A su entender, el desafío consiste en pasar de los corredores de transporte a los corredores de desarrollo, integrando la logística con la producción, el comercio y las necesidades de las comunidades. «Hoy tenemos que hablar de corredores de desarrollo», afirmó. En ese sentido, advirtió que invertir en infraestructura sin una visión integral puede limitar considerablemente los beneficios que estas obras pueden generar.
El conferencista relativizó la denominación de corredor bioceánico al sistema de 2.400 kilómetros de longitud, en construcción, que conectará el Atlántico con el Pacífico a través de Brasil, Paraguay, el norte argentino y Chile. Consideró que el principal beneficio no estará necesariamente en el volumen de cargas que capte el corredor, sino en la actividad económica que pueda desarrollarse a lo largo de su recorrido y en los territorios cercanos. «La gran ganancia va a estar en el desarrollo que se genere», señaló. También observó que el proyecto dejó de ser una aspiración para convertirse en una realidad, con avances concretos en puentes, carreteras y conexiones fronterizas.
Encrucijada estratégica
Uno de los puntos centrales de su exposición fue la intersección entre ese corredor transversal y la hidrovía Paraguay-Paraná, a la que definió como una «encrucijada estratégica» con capacidad para transformarse en un nodo logístico y productivo de alcance regional. Se trata de una zona que involucra territorios de Paraguay y Brasil, entre otros, y que puede beneficiar a una población estimada en unos 120 millones de personas. Para Sánchez, la combinación de las conexiones fluviales y terrestres puede generar oportunidades que trasciendan ampliamente el tránsito de cargas.
Explicó que la integración de diferentes modos de transporte, servicios y nodos logísticos permite reducir costos, ampliar las alternativas para los operadores y cargadores y mejorar la competitividad. Cuando esa dinámica funciona adecuadamente, la mayor actividad atrae nuevas empresas, inversiones y trabajadores, generando un círculo virtuoso que puede extender sus beneficios al conjunto de la sociedad, analizó.
No obstante, el especialista advirtió que para alcanzar esos resultados es necesario evitar estructuras monopólicas que concentren los beneficios en determinados eslabones de la cadena. Manifestó que las ganancias derivadas de una mayor conectividad y eficiencia deben distribuirse entre empresas, productores, trabajadores y comunidades. «La ganancia también tiene que ser para la sociedad», enfatizó. En ese proceso, consideró fundamentales la participación del Estado, la inversión privada y el compromiso del sector social.
Como ejemplo de esta transformación, Sánchez mencionó el desarrollo de cinco terminales portuarias nuevas o relanzadas en la zona de confluencia entre la hidrovía y el corredor terrestre, durante los últimos cuatro años. Algunas ya están operativas o presentan avances importantes, mientras que otras permanecen en etapa de proyecto. Indicó que la perspectiva de una mejor conectividad comenzó a movilizar inversiones incluso antes de que las nuevas infraestructuras finalizaran.
Integración intermodal
El expositor proyectó que la expansión de los flujos comerciales demandará agencias marítimas, servicios a los buques y a las cargas, transporte terrestre, servicios de apoyo al comercio internacional y nuevas instalaciones para los camioneros, entre otros. También incidirá en la formación profesional, en el entendido de que una industria logística más desarrollada requiere trabajadores capacitados y con mayores niveles de especialización.
Sánchez ilustró que existen experiencias internacionales, como Duisburgo en Alemania y Chicago en Estados Unidos, que muestran cómo la convergencia de vías navegables, ferrocarriles y carreteras puede transformar una intersección geográfica en un gran centro de actividad económica. Dijo que esos antecedentes ofrecen referencias para pensar el desarrollo de nuevos nodos logísticos en Sudamérica.
En el final de su disertación, Sánchez insistió en que la mejora de la conectividad debe entenderse como un instrumento para impulsar el comercio, facilitar la incorporación de productos a las cadenas globales de suministro y aprovechar mejor los recursos disponibles. El verdadero desafío, concluyó, es avanzar desde los corredores de transporte hacia corredores económicos y, finalmente, de desarrollo, mediante una integración intermodal que genere oportunidades productivas, empleo y beneficios que alcancen a toda la sociedad.

