La necesidad de pensar a Uruguay como un país navegable, fortalecer la coordinación institucional y avanzar hacia una visión integrada del sistema logístico regional fueron algunos de los principales conceptos planteados por la directora general del Área para Asuntos de Frontera, Limítrofes y Marítimos de la Cancillería, María Cecilia Otegui, y la subsecretaria del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), Claudia Peris, ante el primer panel del Congreso Internacional «Hidrovía 360», realizado en Colonia del Sacramento.
Otegui sostuvo que Uruguay debe construir su proyección internacional a partir de sus recursos acuáticos, sus ríos, espacios marítimos y zonas de frontera, bajo el concepto de “Uruguay Navegable”. Explicó que esta visión implica integrar infraestructura, regulación, seguridad, ambiente y logística, articulando al sector público con empresas, técnicos y academia.
En ese marco, señaló que la función de la Cancillería es coordinar las diferentes áreas del Estado y construir posiciones nacionales consistentes en las negociaciones y ámbitos binacionales y regionales. «La coordinación no es un aspecto accesorio, sino una verdadera condición para transformar la ventaja geográfica que tiene nuestro país en una ventaja comparativa y sostenible», afirmó.
La diplomática destacó que el Plan Estratégico de Política Exterior incorpora entre sus prioridades el fortalecimiento de la infraestructura fluvial y marítima nacional y transfronteriza, la navegabilidad, el dragado y la mejora de canales estratégicos. Ubicó a Uruguay en un punto de convergencia entre la hidrovía Paraguay-Paraná, el río Uruguay, el Río de la Plata y el Atlántico, con capacidad para funcionar como nodo entre la navegación fluvial regional y el transporte marítimo internacional. Subrayó, además, la importancia de desarrollar otras alternativas, como la hidrovía de la Laguna Merín, contemplando tanto las oportunidades productivas como las responsabilidades ambientales.
Otegui remarcó la necesidad de evitar una lógica de competencia excluyente entre puertos, corredores y países de la región. A su entender, la fortaleza del sistema fluvial depende de la complementariedad y de la capacidad de generar beneficios para todos los actores. «La carga regional mejora la conectividad, genera mayores frecuencias, amplía la disponibilidad de servicios y puede reducir costos también para las exportaciones uruguayas», destacó. En la misma línea, sostuvo que Uruguay cuenta con condiciones naturales, geográficas e institucionales para convertirse en un hub regional, pero que para concretar ese potencial se requieren decisiones oportunas, inversión, capacidad técnica, coordinación y una diplomacia activa.

Ubicación geográfica por si sola no alcanza
Por su parte, Peris planteó que las vías navegables deben ser entendidas como parte de un sistema de transporte multimodal, en el que se complementen las modalidades marítima, fluvial, ferroviaria y carretera. Recordó que la hidrovía Paraguay-Paraná constituye un corredor de aproximadamente 3.442 kilómetros que conecta a Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay, y destacó su importancia para el movimiento de granos, minerales, combustibles y otros productos esenciales para el comercio regional.
La disertante indicó que en la actualidad el corredor fluvial moviliza aproximadamente 25 millones de toneladas anuales y que las proyecciones apuntan a que ese volumen podría duplicarse en los próximos diez años. Ese crecimiento, analizó, representa una oportunidad pero también exige que la infraestructura, las reglas y los servicios evolucionen al mismo ritmo que las cargas.
En su condición de presidenta pro tempore del Comité Intergubernamental de la Hidrovía Paraguay-Paraná (CIH), Uruguay impulsa una agenda orientada a modernizar las reglas, mejorar la seguridad y eficiencia de la navegación, fortalecer las instituciones y disponer de mejor información para la toma de decisiones.
Entre las iniciativas citó el trabajo sobre el Reglamento N.º 7, referido a las dimensiones máximas de los convoyes. Uruguay coordina un grupo de trabajo que analiza la posibilidad de incrementar esas dimensiones mediante simulaciones y criterios técnicos y de seguridad, con participación de los restantes países y del sector privado. También informó que el país coordina otro grupo destinado a fortalecer los órganos del Acuerdo de Santa Cruz de la Sierra, procurando dotar al CIH de mayor regularidad, continuidad institucional y flexibilidad operativa. El objetivo es que las modificaciones al reglamento interno puedan ser consideradas y eventualmente aprobadas en una próxima reunión del Comité, prevista tentativamente para noviembre.
Peris coincidió con Otegui en que no es suficiente mejorar de manera aislada un puerto, un canal o un tramo de río. «La hidrovía, el Río de la Plata, el río Uruguay, los canales de navegación y los accesos portuarios forman parte de un mismo sistema logístico», aseveró. En ese sentido, consideró indispensable contar con reglas coordinadas de seguridad, infraestructura adecuada, servicios competitivos e información compartida, así como profundizar el diálogo entre los Estados y los usuarios de la vía navegable.
Al cierre, Peris sostuvo que Uruguay tiene una posición estratégica para articular la hidrovía con el río Uruguay, el Río de la Plata y el Atlántico, complementada por su conectividad ferroviaria y carretera. Sin embargo, advirtió que la ubicación geográfica por sí sola no alcanza para consolidar al país como hub logístico regional.
Para ello, dijo, se necesitan: infraestructura, servicios eficientes, reglas previsibles, seguridad jurídica y coordinación público-privada. “Las vías navegables son corredores que conectan producción, territorios, puertos y mercados. Cuando funcionan de manera integrada y eficiente, reducen costos, fortalecen la competitividad regional y generan mejores condiciones para atraer inversiones”, concluyó.




