Una cuenca hidrográfica se define como aquel territorio cuyas aguas drenan hacia un destino común. La de la Laguna Merín abarca algo más de 62.000 kilómetros cuadrados, de los cuales más del 50% —unos 3,5 millones de hectáreas— corresponden a Uruguay. Esta superficie representa nada menos que la quinta parte de nuestro país, comprendiendo a los departamentos costeros de Cerro Largo, Treinta y Tres y Rocha, además del norte de Lavalleja y Maldonado.
El espejo de agua cubre unas 350.000 hectáreas (un tercio en aguas uruguayas y dos tercios en Brasil) a lo largo de 180 kilómetros de longitud, con un ancho medio de 22 kilómetros y profundidades de 3,5 metros. Es la segunda laguna de agua dulce más grande de Sudamérica, solo superada por el Lago Titicaca. En nuestra margen desembocan afluentes de gran porte como los ríos San Luis, Cebollatí, Tacuarí y Yaguarón —todos con más de 200 kilómetros de extensión—, a los que se suma el río Piratini con más de 600 kilómetros en territorio brasileño.
Décadas de institucionalidad y un hito técnico
La cooperación binacional tiene profundas raíces históricas. En abril de 1963 se formalizó la Comisión Mixta para el Desarrollo de la Cuenca de la Laguna Merín (CLM), integrada por una delegación brasileña con sede en Pelotas y una uruguaya en Treinta y Tres. En julio de 1977, ambos países firmaron el Tratado de Cooperación para el Aprovechamiento de sus Recursos Naturales, fijando tres objetivos clave: elevar el nivel socioeconómico de sus habitantes, promover el desarrollo industrial y fortalecer los medios de transporte y comunicaciones, con especial énfasis en la navegación fluvial (año en que también se inauguró la represa-esclusa de San Gonzalo, próxima a Pelotas).
El andamiaje legal dio un salto decisivo en julio de 2010 con el Acuerdo sobre Transporte Fluvial y Lacustre en la Hidrovía Uruguay-Brasil, creando la Secretaría Técnica para la Hidrovía en la órbita de la CLM.

Posteriormente, en 2018, se trazó un mojón fundamental: el relevamiento batimétrico integral. Uruguay cubrió los sectores 1 y 2 (desde arroyo San Miguel hasta Punta Espinos) mediante la embarcación Ing. Camaño —propiedad de la CLM— con mediciones cada 750 metros a cargo de la Prefectura Nacional Naval y el SOHMA; mientras que Brasil relevó los sectores 3 y 4 hasta el canal Sangradouro. Este trabajo permitió confeccionar por primera vez la Carta Náutica de la Laguna Merín, referenciada a la regla de la Dirección Nacional de Hidrografía en el balneario Lago Merín.
Mucho más que logística: un motor productivo regional
La hidrovía Laguna Merín – Lagoa dos Patos no debe interpretarse únicamente como un corredor logístico, sino como una herramienta de desarrollo estratégico para una región históricamente postergada. Su avance requiere tratamiento como política de Estado.
La posibilidad de acceder a fletes fluviales más económicos hacia terminales cercanas como Pelotas o el puerto de Río Grande abre un abanico inmediato de oportunidades productivas:
- Agricultura: Al cultivo insignia del arroz se sumarán opciones de secano (tanto invernales como estivales) en casi un millón de hectáreas con aptitud. La colocación externa de sorgo y cebada forrajera ya marca el camino.
- Ganadería: Incorporación de pasturas en rotación con la agricultura y la alternativa concreta de exportación de ganado en pie en barcazas-corral, superando las limitaciones y costos de los grandes buques de ultramar.
- Sector forestal: Crecimiento sostenido de plantaciones, masas forestales en edad de corte, demanda activa de pino y eucalipto por parte de industrias brasileñas y plantas de laminado locales en funcionamiento.
- Minería e industria: La zona alberga formaciones geológicas milenarias con yacimientos de caliza, carbonato de calcio y magnesio hoy explotados para cal industrial, pasta de celulosa y cemento, con notable potencial en enmiendas y fertilizantes agrícolas.
- Turismo y navegación: El entorno cobija áreas protegidas de primer orden como la Quebrada de los Cuervos (Treinta y Tres), Isla del Padre (Rocha), Grutas de Salamanca (Maldonado) y Centurión (Cerro Largo). Los gobiernos departamentales ya impulsan circuitos náuticos y recreativos en el eje La Charqueada – Yaguarón – San Miguel.
Las asignaturas pendientes
Pese a este potencial extraordinario, la cuenca enfrenta carencias estructurales urgentes que reclaman atención de los poderes públicos:
- A excepción del balneario Lago Merín, prácticamente no existen accesos públicos a la costa.
- A lo largo de sus 180 kilómetros de ribera no se dispone de muelles de atraque adecuados para embarcaciones.
- Falta infraestructura permanente de control aduanero y migratorio para formalizar pasos fluviales hacia Brasil.
Superar estas brechas de infraestructura no es un gasto, sino una inversión con retorno directo: conectar el oriente uruguayo a la red fluvial regional es la llave para generar empleo genuino, arraigo local y competitividad de cara al futuro.
Sobre el columnista
Ing. Agr. Gerardo Acosta Terra. Ex presidente de la delegación de Uruguay ante la Comisión Mixta Uruguayo-Brasileña para el Desarrollo de la Cuenca de la Lagua Merín.
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